Mostrando entradas con la etiqueta Funeraria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Funeraria. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de enero de 2013

El enterramiento Argárico

Esta entrada va dedicada a un aspecto importante de la cultura de El Argar: el enterramiento.
De entre todos los cambios producidos en la organización social y económica de la cultura de El Argar, destaca por supuesto el del ámbito funerario. Los difuntos se enterraban en los poblados, debajo de las viviendas o cerca de ellas. El muerto se colocaba en posición fetal, con los brazos flexionados delante del tórax o boca arriba (decúbito supino). En la mayoría de los casos se habla de enterramientos individuales, aunque se sabe de inhumaciones dobles y enterramientos múltiples.
Las tumbas muestran gran diversidad constructiva: enterramientos en pequeñas cuevas artificiales excavadas en la roca y cubiertas con una losa, en fosa, en cista delimitada por lajas, en doble urna con las bocas enfrentadas, y en grandes tinajas también llamadas por su origen etimológico griego "pithoi". Los enterramientos en cista y en pithoi eran los más frecuentes.

Cabe mencionar también algunos de los elementos con que se adornaba el cuerpo durante el enterramiento. El análisis de los restos óseos que se han encontrado, junto al de los ajuares, permite conocer mejor a las comunidades argáricas, con datos relativos a su dieta, su salud y también enfermedades. Junto a ello también se arroja luz sobre datos jerárquicos y de diferenciación sexual.
Los objetos más numerosos encontrados como parte del ajuar funerario son sin duda cerámicas, además de adornos personales, como anillos o brazaletes, junto a armas y herramientas metálicas.
Por otro lado, y ligado intrínsecamente al enterramiento masculino encontramos alabardas, hachas, espadas y vasos bicónicos. En cambio, los punzones y las diademas son propias del enterramiento femenino.

A continuación algunas de las cistas y urnas expuestas en el Museo:

Este es uno de los dos enterramientos más comunes: el enterramiento en cista. Este en concreto es sin ajuar, de piedra y hueso, procedente de Puntarrón Chico, Beniaján. siglos XVIII-XVII a.C. Museo Arqueológico de Murcia
Y este es el otro tipo de enterramiento, en urna o pithoi. Puntarrón Chico, Beniaján, siglos XVIII-XVII a.C. Museo Arqueológico de Murcia
Enterramiento en urna de cerámica. Los Molinicos, Moratalla. Museo Arqueológico de Murcia
Lámina ilustrativa expuesta en el Museo que muestra los distintos enterramientos argáricos





jueves, 10 de enero de 2013

Monumentos de la Muerte en el Calcolítico

La entrada de hoy se centra de forma breve en algunos de los rituales funerarios seguidos por el hombre prehistórico durante el período conocido como Calcolítico (Edad del Cobre o Eneolítico).
Algunas de estas prácticas funerarias se asocian a una manifestación muy particular, como son la construcción de monumentos formados por grandes bloques de piedra, y que se conoce como megalitismo. Estos monumentos, que aparecen documentados desde el Neolítico, sirvieron para albergar enterramientos en grupo de inhumación.
El inmenso trabajo que suponía la ejecución de estos tipos de tumbas suponía uan compleja organización del trabajo en comunidad ya desde el III milenio en el sureste peninsular.
Con todo, se pueden distinguir diversas modalidades: las cuevas sepulcrales naturales o artificiales, el sepulcro de correrdor, el supulcro de galería, el sepulcro de falsa cúpula o mampostería o el sepulcro circular simple denominado rundgräber y el dolmen simple.
Por otro lado, los ajuares incluyen amuletos zoomorfos, vasos de yeso decorados con incisiones y color, ídolos en hueso, cerámicas decoradas, puntas de flecha y hojas en sílex, colgantes y, en la fase final, elementos campaniformes.

De la sala expositiva calcolítica, lo que más me ha llamado la atención ha sido sin duda el conjunto de restos óseos de la Cueva del Barranco de la Higuera, como el mostrado abajo:

Restos óseos de enterramiento múltiple con ajuar. Cueva del Barranco de la Higuera, Fortuna. Museo Arqueológico de Murcia

Restos óseos de enterramiento múltiple con ajuar. Cueva del Barranco de la Higuera, Fortuna. Museo Arqueológico de Murcia
 El Calcolítico en la Región de Murcia, a lo largo del III milenio a.C. se caracteriza por presentar dos modelos de asentamiento: el más frecuente, las aldeas de explotación agropecuaria, aunque también han aparecido poblados que ocupan lugares estratégicos que a veces disponen de fortificaciones la del Cabezo del Plomo en Mazarrón.
En ocasiones se han documentado necrópolis en zonas cercanas a dichos poblados. Los rituales de enterramiento del período muestran una gran variedad, como cuevas naturales. artificiales y enterramientos megalíticos, en sepulcros circulares o los dólmenes simples pero que en Murcia no son muy abundantes, y que parecen recibir influencias de territorio andaluz.








martes, 1 de enero de 2013

¿Cómo eran las prácticas funerarias de los romanos?

Seguimos en la planta alta del Museo. La entrada de hoy nos lleva a Roma, pero no a la gran urbe de la península Itálica, sino a su presencia en Iberia, o lo que ellos llamaron Hispania.

Conjunto epigráfico. Museo Arqueológico de Murcia.
Para empezar, diremos que lo más importante para un romano era morir con dignidad. Para ello requerían siempre el ritual necesario y una tumba en la que descansarían sus restos, ya que si se enterraba a alguien sin seguir los cánones establecidos, se decía que su alma se vería condenada a vagar por los siglos de los siglos. El ceremonial era para la familia del difunto algo incuestionable. La sepultura y el ajuar debían estar lo más detallado posible. Pero claro, no siempre se disponía de fondos suficientes para costear todo el proceso de una inhumación o de un nicho para depositar las cenizas del difunto, por no hablar del terreno que se necesitaba para tal fin, y es por eso que en algunas ocasiones se utilizaba la tumba de otra persona sin ningún reparo, aun si la tumba de esa persona estaba epigrafiada con su testamento.
 Según la tradición, el último aliento del difunto era recogido por un familiar con un beso, evitando así que el alma cayese en manos de espíritus malignos o maldiciones...

El Museo Arqueológico de Murcia posee una colección epigráfica bastante interesante.

Lápida funeraria hecha en caliza. Necrópolis del Cerro del Castillo, Lezuza, siglo I a.C. Museo Arqueológico de Murcia

Desde el más antiguo código legal romano, se prohibía terminantemente enterrar cadáveres dentro del recinto urbano. Esta norma provocó la aparición de cementerios en la periferia de las ciudades, sobre todo en lugares cerca de las puertas de las murallas y las principales vías de acceso. Las necrópolis no eran espacios cercados, sino que coexistían con las villae (villas) y otros edificios.
La práctica funeraria más antigua en Roma era la incineración. A partir del siglo I, y muy especialmente del siglo II de nuestra era comenzó a recurrirse a la inhumación, destacando en esa decisión el auge del cristianismo, que sólo aceptaba esta práctica. Las creencias romanas en el más allá comportaban la realización de estos de rituales para el entierro y ofrendas. Destaca también la celebración de banquetes funerarios en fechas importantes.

Lápida funeraria en mármol negro. Necrópolis de Santa Lucía, Cartagena siglo I d.C. Perteneciente al mausoleo de libertos de la "gens" de los "labicii". Museo Arqueológico de Murcia

Lápida funeraria en mármol negro. Necrópolis de Santa Lucía, Cartagena siglo I d.C. Perteneciente al mausoleo de libertos de la "gens" de los "labicii". Museo Arqueológico de Murcia